miércoles, 22 de mayo de 2013

TEMA: EL FRUTO DEL BUEN ÁRBOL 
TEXTO: GÁLATAS 5:22 


INTRODUCCIÓN: 
Jesús nos ha enseñado en su palabra que la única manera de conocer la clase del árbol es por su fruto. Conozcamos el fruto del buen árbol.
I. ESTE ES UN SOLO FRUTO 
A. Como un racimo de sanitas disposiciones. 
1. Que brotan y se desarrollan al mismo nivel 
2. Es decir, cuando se crece en amor, se crece en gozo, etc.

B. Esta especie de racimo que es “El fruto del Espíritu” contiene tres grupos de tres virtudes cada uno 

II. EL GRUPO DE LAS VIRTUDES CONCERNIENTES A NUESTRA ACTITUD HACIA DIOS 
Se dice que este grupo de frutos son en especial relación con Dios, pues nos capacitan especialmente para tener una santa comunión con El y son: 

A. AMOR A DIOS 
1. Es el primogénito entre todas las virtudes del fruto del buen árbol (1ª Cor. 13.13) 
2. Es un amor genuino que no depende de las circunstancias, es incondicional. 
3. Es el factor fundamental en la comunión y el servicio a Dios (1ª Col. 13:1-3) 

B. GOZO EN DIOS 
1. Es alegría, deleite, regocijo, estar feliz y alegre 
2. Viene como consecuencia de amar a Dios
3. Es un mandato o un deber de todo cristiano (Fil. 3:1; 4:4) 
4. El que “un santo triste, es un triste santo” 

C. PAZ EN DIOS 
1. Es un estado de reposo, quietud y calma 
2. Es bienestar perfecto 
3. Sobrepasa todo entendimiento, guardará nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús. (Fil.4:7) 

CONCLUSIÓN: 
Tratemos de que este grupo de virtudes concernientes a nuestra actitud con Dios, se desarrollen en nuestra vida y sean nuestros frutos como buen árbol.

domingo, 19 de mayo de 2013

TEMA: “DIFERENTES TIPOS DE SUELO” 
TEXTO: MATEO 13:7 

INTRODUCCIÓN: 
Estamos desarrollando nuestras reflexiones sobre la base de los tres instrumentos de la siembra y de la cosecha: SEMBRADOR, SEMILLA Y SUELO. 
En relación al suelo los hay ENDURECIDOS, PEDREGOSOS, ESPINOSOS Y FÉRTILES. 
Hoy reflexionaremos: 
I. EL SUELO ESPINOSO. (v.22) 
A. El que fue sembrado entre espinosos, este es el que oye la palabra pero el afán de este siglo, el engaño de las riquezas y las codicias de otras cosas entran y ahogan la palabra y se hace infructuosa (Mt.13:7; Marcos 4:19) San Lucas le agrega los siguiente: 
LOS PLACERES DE LA VIDA (Lucas 8:14). 
Esto nos brinda claridad en relación a los espinos que no nos dejan tener cosecha abundante. ¿Cuáles son? 
1. El afán de este siglo 
2. El engaño de las riquezas 
3. Las codicias 
4. Los placeres de la vida 

B. El terreno espinoso es aquel que esta enredado por el afán, el engaño, las codicias y los placeres de la vida.
¿Qué significa cada uno? 
1. La preocupación desmedida que lleva a la turbación (Afán) 
2. La inclinación excesiva a las cosas materiales (Engaño de las riquezas) 
3. El deseo desmedido de las cosas (Codicia) 
4. El deleite de la carne (Placeres) 

CONCLUSIÓN: 
Todo esto estorba la cosecha. Amado servidor estemos alertas frente a esta espinas que ahogan nuestro accionar.

miércoles, 8 de mayo de 2013

AHORA TE COMPRENDO MAMA

Ahora te comprendo mamá 


Un día una mujer supo que iba a tener un bebé. Su corazón latió más fuerte, se sintió envuelta en un gozo como nunca antes lo había sentido. Salió de la consulta del ginecólogo como en las nubes, sus pies parecían no pisar el suelo. Miró a su alrededor y todo le pareció hermoso, sintió el aire más puro, vio los árboles más frondosos, el cielo más azul… La alegría de su corazón era tan grande, que no podía evitar caminar con una sonrisa en los labios. Era el día más feliz de su vida, el día en que había sabido que iba a ser mamá por primera.
Llegó a su casa y preparó una cena especial para su esposo, quería adecuar el ambiente para darle la noticia. Llegó el esposo y ella esperó a que cenara, entonces le dio la gran noticia. Los minutos que siguieron fueron de inmensa alegría. Lágrimas de felicidad asomaron a los ojos de ambos y se unieron en un amoroso y estrecho abrazo.
Comenzaron los preparativos para recibir a ese bebé tan ansiado. Adquirieron todo lo necesario a través de esos meses de espera. Sufrió todas las incomodidades de los primeros tres meses, los mareos, las náuseas, pero todos esos malestares no tenían la menor importancia para ella, mayor era su dicha que cualquier molestia física. El cuerpo de la mujer fue cambiando, ella sentía los movimientos de ese nuevo ser y se sentía rebosante de amor y felicidad. Llevaba un tesoro dentro de sí, su tesoro más preciado. A medida de que pasaba el tiempo, se le hacía más pesado el andar, su vientre se ponía enorme, pero eso tampoco le importaba. Otras mujeres le habían dicho muchas tonterías respecto a lo que iba a sufrir su cuerpo, que quedaría gorda, que no volvería a tener cintura, que se le iba a caer esto y aquello, pero ella no dejaba que esos malintencionados avisos influyeran en su vida y mucho menos le quitaran esa ilusión tan grande de ser mamá.
Y llegó el día en que su ansiado hijo quiso salir de su tibio refugio materno. Fue como a las dos de la mañana cuando empezó a sentir que su cuerpo se preparaba para el gran acontecimiento. Recordó la cita bíblica donde dice: “Multiplicaré tus dolores en el parto, y darás a luz a tus hijos con dolor…”, pero no le temía al dolor, estaba dispuesta a padecer todo lo necesario para que su hijo naciera. Al paso de las horas, los dolores se hacían más intensos. Acostada en su habitación de la clínica, esperaba paciente, encogiéndose en cada contracción, pero sin queja alguna. Su amado esposo, a su lado, tomando su mano, le daba ánimos y le decía palabras de amor. Llegó el momento en que sintió que ya no podía aguantar más, sentía la necesidad de gritar, se retorcía de dolor. Nunca se imaginó qué clase de dolor sería ese. Las palabras cariñosas de su esposo no tenían ningún efecto en ella, todo su ser se centraba en ese dolor insoportable.

Trató de no pensar en el dolor y vino a su mente su madre, cómo debió haber sufrido al momento de tenerla, antes, ese le parecía un tema intrascendente. Ahora reflexionaba, consideraba a su madre y la admiraba por su valentía al haber tenido cinco hijos. Ahora no pensaba en su dolor, sino en el de su madre. Se avergonzaba de las veces que le había faltado el respeto, en las veces que al verla cansada, limpiando la casa, no le había ofrecido su ayuda. Recordó también las veces que su madre le pidió que la ayudara en algún quehacer y ella se negó diciendo que tenía mucho que estudiar, pero se iba a su cuarto a escuchar música. En un par de segundos, como una ráfaga, vinieron a su mente algunos eventos que ahora le causaban tristeza y vergüenza respecto a su madre. Ahora comprendía todo lo que sufren las madres para dar la vida a un hijo, y luego cuántos sacrificios hace por él, sin pedir nada a cambio, sin embargo ese hijo ¿cómo le paga después? En medio de su dolor, pidió perdón a Dios por no haber sido una buena hija y prometió pedirle perdón a su madre y tratar de recompensarla como ella se lo merecía, dándole todo el amor y las atenciones que por estar ocupada en sí misma no le había dado.

El médico se acercó a la cama, la examinó y le dijo que ya estaba lista para dar a luz. La llevaron a la sala de partos y unos minutos después tenía a su hijo en brazos. El dolor se había esfumado, solo sentía una felicidad indescriptible por ese lindo bebé que Dios le había dado y porque sentía tranquila su conciencia después de esa confesión y su buen propósito, que por supuesto estaba decidida a cumplir.

La llevaron a su habitación. Allí la esperaban su esposo, su madre y sus hermanos, además de sus suegros. Después de las felicitaciones y muestras de cariño de todos los presentes, una enfermera les pidió que salieran para que ella descansara, pero ella solicitó la presencia de su madre. Todos se quedaron sorprendidos, pero fueron saliendo de la habitación. También le pidió a la enfermera que saliera por unos momentos. Cuando quedaron solas ella y su madre en la habitación, no pudo evitar que salieran gruesas lágrimas de arrepentimiento de sus ojos. Su madre no comprendía la causa de esas lágrimas, entonces su hija le dijo:

-       "Mamá, yo quiero pedirte perdón porque no he sido un (a) buen (a) hijo (a), porque no te he valorado ni te he respondido como tú te lo mereces. Ahora sé cuánto cuesta tener un hijo, ahora sé todo lo que tú sufriste para darme la vida, pero no solo hablo del dolor físico mamá, tú has sufrido por mí también esa otra clase de dolor, que es peor que los dolores de parto, el dolor de la indiferencia de una hija por la cual lo diste todo. Me diste tu cuerpo para que me sirviera de refugio mientras me estaba formando, luego ese mismo cuerpo tuyo me alimentó para que permaneciera viva, después me diste tus horas de descanso cuando yo lloraba, ¡cuántas noches pasaste en vela para cuidarme mamá cuando yo enfermaba y nunca escuché que te quejaras!, ¡cuántos días y noches dedicados a mí y a mis hermanos y nunca lo aprecié! …Pensaba que era tu obligación, pero ahora sé que no lo hacías por obligación, sino por amor, ese amor tan grande e incondicional que siente una madre por sus hijos desde antes de darlos a luz”- Ambas se abrazaron como desde hacía tiempo no lo hacían y luego miraron hacia la cuna, ¡realmente ese bebé había traído grandes bendiciones a sus vidas!"

"Los hijos son una herencia del Señor, los frutos del vientre son una recompensa". 
Salmos 127:3 NVI

Escrito por: Angélica García Sch. 
Para: www.mujerescristianas.org

martes, 7 de mayo de 2013

CUANDO TU SEAS MADRE

Cuando seas madre

Este mensaje va dirigido a aquellas mujeres que algún día serán mamás y a las que ya lo son y aun tienen a sus madres consigo. Cuando tú seas madre, podrás comprender a la tuya. Qué lástima si esto ocurriera cuando fuera ya tarde para decirle: "Mamá, ahora sí te comprendo". El arte de ser madre se aprende en base a las propias experiencias y no es fácil. Ser madre te proporcionará muchas satisfacciones, pero también habrá sinsabores. Tendrás momentos de alegría, tristeza y hasta enojo. Reirás con tus hijos, pero también llorarás con ellos y por ellos. Como madre, tendrás que aprender a manejar una gama muy compleja de emociones y tu sensibilidad será muchas veces incomprendida. Al momento de tener a tu primer hijo, te darás cuenta de que tu vida jamás volverá a ser la misma. Con el paso del tiempo, irás descubriendo muchas cosas. Descubrirás un día que ese bebito que tuviste un día, indefenso, en tus brazos, parece no necesitarte más. ¿Cuándo creció que no te diste cuenta?...Estabas tan ocupada en criarlo, educarlo, alimentarlo, cuidarlo, que...no te percataste. Si apenas ayer, su boquita pronunciaba por primera vez la palabra ¡mamá!, una experiencia inolvidable, la más tierna caricia a los oídos de una madre. Pero has de saber que hay hijos que con esa misma boquita, cuando han crecido, pronuncian palabras hirientes, como: "Mamá, no te metas en mi vida" o "Mamá no me digas lo que tengo que hacer" o "Mamá no me estés molestando, yo sé lo que hago"...y hasta cosas peores. Es de esperar que cuando tú seas madre no sufras esa clase de experiencia que duele hasta el alma.
No te molestes ahora con tu madre si ella se preocupa por ti y ya no eres una niña, así también lo harás tú con tus hijos. Es que el paso del tiempo no disminuye el amor y el interés de una madre por sus hijos. A ella le sigues importando en la misma medida que cuando eras una niña. No desprecies sus atenciones, no te molestes porque te pregunta adónde vas. Pedirle a una madre que no se preocupe por sus hijos, va contra la naturaleza que Dios le dio, ¿es eso tan difícil de comprender?
Sé una hija agradecida. Tu madre no te ha dado todo lo que te ha dado, esperando ser retribuida, porque el amor de madre es incondicional, pero su corazón se llenará de alegría si le diriges una palabra de cariño y gratitud. Escucha los consejos de tu madre con respeto, aunque no estés de acuerdo con sus ideas. No seas contestona ni altanera. Hay muchas cosas que cuando eres joven no te parecen justas, pero cuando tú seas madre, te darás cuenta que ella tenía razón. Ella tiene el deber de corregirte, cuando lo hace no está más que cumpliendo parte de la misión que Dios le dio.
Si aun tienes la dicha de tener una madre, piensa en todas estas cosas. No esperes a que ella se haya ido para reconocer el gran amor que te tuvo. Cuántos hay en este mundo que ya no la tienen ¡valórala, respétala, escúchala, ámala! como se merece. Por último, grábate estas palabras y nunca las olvides: Así como yo quisiera que fueran mis hijos conmigo, así debo ser yo con mi madre.

Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, 
Y no desprecies la dirección de tu madre. Proverbios 1:8

Escrito por: Angélica García Sch.
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