miércoles, 16 de agosto de 2017

En armonía con Dios y contigo misma 




 El diccionario define la palabra armonía como "una conveniente proporción y correspondencia de unas cosas con otras". Decimos que vivimos en armonía cuando existe una grata compatibilidad con los que nos rodean. Una bailarina de ballet debe bailar de acuerdo con la música o no existiría esa armonía. Para que haya armonía, una parte debe ir de acuerdo con la otra y cuando una de esas partes no lo está, la armonía se pierde. Pero las bailarinas de ballet requieren de un maestro, de un director que las guíe y debe existir armonía entre ellas y quien las dirige. 
Los músicos de la orquesta que ejecutan la música para ese ballet, también precisan de un director que los dirija, de lo contrario no habría armonía, se escucharía mal. La naturaleza misma necesita un director para renovarse cada día y esto nos incluye a mujeres y hombres. Así es amigas, todos necesitamos de una guía para vivir en armonía, porque nadie es autosuficiente. Fuimos creados en armonía, a imagen y semejanza de nuestro Creador. 
Nadie mejor que Él sabe cómo debemos vivir esa vida que nos dio. ¿Por qué tantas personas en el mundo no pueden vivir en armonía con los demás?, ¿por qué no pueden vivir en armonía ni consigo mismos?, ¿por qué no tienen paz?... 
Somos seres tripartitos: tenemos cuerpo, alma y espíritu. Entre estas tres partes debe haber armonía, pues de no ser así, todo nuestro ser se tambalea. Un alma enferma, un alma que alberga rencor, odio, resentimiento, está enfermando toda la unidad y esto rompe la armonía. 
Mujer, si guardas rencor a alguien que te traicionó, si no le puedes perdonar, solo estás acumulando carga negativa para ti misma. Elige perdonar y te librarás de ella, sin que esto signifique que justificas la acción de esa persona. Solo estarás liberándote de una carga negativa para tu alma como es el resentimiento, que además hasta puede provocarte enfermedades. 
Dios nos manda perdonar y no hay decisión más sabia que obedecer a sus mandamientos. Esa paz que tanta falta te hace, solo la puedes tener viviendo en armonía con Dios. Y no hay mejor manera que vivir en armonía con Dios que vivir de acuerdo a Su voluntad, la cual solo puedes conocer en Su Palabra, la Biblia. Él tiene un propósito para tu vida, déjalo guiarte, mantente en comunicación con Él cada día, compártele tus sentimientos, tus ideas e inquietudes. 


Vivir en armonía con Dios, te garantiza una vida en armonía contigo misma y con los demás. Decídete hoy a entregarle tu vida y todo tu ser, para que Él te amolde de acuerdo a Su infinita sabiduría y te cobije dentro de Sus brazos de infinito amor. 


Escrito por:  Angélica García Sch.
Para: www.mujerescristianas.org

domingo, 27 de noviembre de 2016

¿TU ERES UNA MADRE CONSENTIDORA?


Victoria tenía un hijo, Carlitos, al cual le daba todo lo que le pedía, incondicionalmente. Ella y su esposo tenían una buena posición económica, por lo que no veía por qué no cumplir los caprichos del niño. Cuando iban de compras al super, el pequeño pedía de todo y Victoria llenaba el carrito con juguetes para él. Pero pasó el tiempo y Carlitos creció, se convirtió en adolescente y los caprichos se volvieron más caros. El esposo de Victoria un día perdió su trabajo y las cosas empezaron a cambiar. Ahora había que cuidar el dinero y no gastar en cosas superfluas. Pero Carlitos exigía, chantajeaba y amenazaba, para conseguir lo que quería. Victoria se daba cuenta de su error, había criado un "pídelo todo", que no aceptaba que se le negara nada. A él no le importaba la situación de sus padres, lo habían acostumbrado a obtener todo lo que quisiera y según él, todo debería seguir igual...
Una buena madre no da a su hijo todo lo que pide, porque sabe que no le hace ningún bien actuando de este modo. Si acostumbras a tu hijo a que con solo abrir la boca tenga todo lo que quiere, le estás haciendo un mal. Así no aprenderá a valorar las cosas, se hará caprichoso, egoísta e insensible. A los hijos hay que enseñarles a ganarse lo que van obteniendo en la vida. Tienen que aprender que es más valioso trabajar por algo, que obtenerlo fácilmente, "no le des el pescado, enséñale a pescar". Cuando son chiquitos, les puedes poner tareas livianas, como recoger sus juguetes, guardar su ropa, etc. y al mismo tiempo, les estarás enseñando a ser ordenados. De mayores, cortar el pasto, pintar una barda, etc. son tareas que pueden hacer sin problema. El asunto es que aprendan que para obtener algo en esta vida, hay que trabajar por ello. Los padres no tienen obligación de darles a los hijos todo lo que pidan, sino lo que necesiten. Claro que puedes comprarle a tu hijo algún caprichito de vez en cuando, puede ser porque te lo pida bien o como premio por algo bueno que haya hecho o simplemente porque quieres darle un gusto, porque a todas las mamás nos hace felices ver felices a nuestros hijos, pero enséñale también a pedir sin exigir.

Dios no nos da todo lo que le pedimos sino lo que Él sabe que necesitamos. Lo mismo debemos hacer nosotras con nuestros hijos, ellos no nos deben ver como el hada de los deseos. Los niños necesitan aprender que no siempre se puede tener lo que se quiere en esta vida. Enseña a tu hijo a tenerte confianza, así sabrá que cuando no le des lo que te pide, es porque en realidad no puedes comprárselo o porque tú sabes que no lo necesita. Tu hijo debe confiar en que tú sabes lo que le conviene, así como nosotras confiamos en que Dios sabe lo que nos conviene. No le des a tu hijo lo que Dios no le daría.

Escrita por: Angélica García Sch.

lunes, 14 de noviembre de 2016

TEMA: “LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS COMO MIEMBROS DEL CUERPO DE CRISTO
TEXTO: 1ª Corintios 12:12-17 


INTRODUCCIÓN: 
Este día quiero que reflexiones en el valor que tiene la unidad de los cristianos en el uso de los dones. Examinemos algunas verdades. 
1. El cuerpo de Cristo tiene muchos miembros pero a la vez es un cuerpo. (1ª Cor.12:12) cada uno de nosotros debemos de buscar con mucha diligencia la unidad en todo lo que hacemos. 

2. El que capacita a cada miembro es el Espíritu Santo, el cual nos llena a todos por igual, (V.3).

3. Todos los miembros del cuerpo son vitales (V. 14-17). 
3.1 El pie no puede decir que porque no es mano no es parte del cuerpo. Tampoco la oreja no puede decir que porque no es ojo no es parte del cuerpo. De la misma manera nosotros como miembros del cuerpo de Cristo somos útiles y tenemos un valor incalculable no por lo que hacemos, sino por lo que somos. 
3.2 ¿Qué pasaría si todo el cuerpo fuese ojo? ¿Dónde estaría el oído? (V.17) si todo fuese oído, ¿Dónde estaría el olfato? 
3.3 Nadie tiene que sentirse menospreciado en el lugar en el que el Señor le ha puesto, porque todos somos importantes en el lugar que el Señor nos colocó.

Alégrate y desarrolla lo que Dios te ha puesto a hacer. 

CONCLUSIÓN: La posición o actitud que tengas en el cuerpo no es la que determina que tienes para Dios, sino lo que eres para El.

domingo, 24 de julio de 2016


UNA MUJER SIN NOMBRE


¿Cómo había ocurrido? No lo sabía, ella de repente se había visto sorprendida en un acto vergonzoso y era llevada violentamente hacia el templo por los maestros de la ley, para ser castigada. Fue puesta en medio de la gente, se sintió perdida, sabía cuál era el castigo para las mujeres como ella. Pero uno de sus captores se dirigió a un hombre que se encontraba allí y le preguntó:
-       Maestro, encontramos a esta mujer cometiendo pecado de adulterio. En nuestra ley, Moisés manda que a esta clase de mujeres las matemos a pedradas. ¿Tú qué opinas?- el que llamaban maestro se inclinó y empezó a escribir algo en el suelo con su dedo, pero aquellos hombres no dejaban de hacerle preguntas como para hacer que cayera en una trampa… Entonces él se levantó y les dijo:
-       “Si alguno de ustedes nunca ha pecado, tire la primera piedra”- después se agachó y siguió escribiendo en el suelo. Toda aquella gente, después de escucharlo empezó a retirarse y ella se quedó sola frente a aquel hombre lleno de sabiduría. Entonces él se puso de pie y le dijo:
-       “Mujer, los que te trajeron se han ido. ¡Nadie te ha condenado!”- Ella respondió:
-       Así es, Señor. Nadie me ha condenado- Jesús le dijo:
-       “Tampoco yo te condeno. Puedes irte, pero no vuelvas a pecar.”

Para los fariseos, el asunto principal no era en realidad castigar el adulterio, lo que a ellos les interesaba era sorprender a Jesús en una falta, pues era cierto que la ley mosaica mandaba apedrear a los adúlteros, pero la ley romana había quitado la facultad a los judíos de llevar a cabo ejecuciones, excepto en caso de profanación del templo. Así que intencionalmente habían puesto a Jesús entre la espada y la pared, pues cualquiera que fuera su respuesta estaría faltando a una ley, a la romana o a la de Dios. Pero quienes resultaron atrapados en sus propias redes fueron los fariseos pues la sabia respuesta del Gran Maestro, los había dejado en evidencia y no podían haber hecho nada más sensato que desaparecer de allí antes que atreverse a levantar una piedra del suelo.
Ninguno de los acusadores de la mujer podía ser considerado justo como para juzgar y dictaminar un castigo en contra de esta pecadora, pues ellos eran tan pecadores como ella. El único justo allí era Jesús, el Hijo de Dios, el único hombre sin pecado alguno y por esto, el único facultado para juzgar y sentenciar. Sin embargo, sus palabras no fueron recriminatorias, sino llenas de misericordia hacia ella.
No sabemos el nombre de aquella mujer, no sabemos nada más de ella, de su vida, de su familia, etc. la Biblia no lo menciona. Tampoco sabemos qué hizo después de haber vivido esa extraordinaria experiencia. ¿Cómo se habrá sentido ella después de tal suceso? La Biblia no lo dice, pero podemos imaginarlo, seguramente se fue agradecida y maravillada después de haber visto la actitud de Jesús y haber obtenido su perdón, sin haber hecho nada para merecerlo. Seguramente, después de haber escapado de la muerte, se propuso no volver a cometer jamás ese pecado. Esa mujer debe de haber estado verdaderamente agradecida y verdaderamente decidida a no volver a hacer lo que había hecho.
Así mismo como perdonó a la mujer adúltera, Jesús nos perdona cuando ve que en nuestros corazones hay arrepentimiento. Él no nos acusa, no nos echa en cara nada, no nos atosiga con recriminaciones, solo nos mira con ojos de amor y misericordia, pues conoce nuestras debilidades. Jesús no condenó a la mujer sino que la perdonó, pero le hizo una importantísima exhortación: “Puedes irte, pero no vuelvas a pecar”. Esa sola condición le puso y esa misma condición va para todos nosotros. No lo olvidemos.

(Basado en el libro de Juan 8:1 al 11, Traducción en lenguaje actual)


Escrito por: Angélica García Sch.
Para: www.mujerescristianas.org

lunes, 9 de mayo de 2016


Eres la única, eres la mejor,eres luchadora 
y valiente, eres mi heroína...
¡Eres mi mamá!
Feliz dia de las madres

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